viernes, 14 de marzo de 2014

El cuidado de sí I

En la cama o en la mesa están encimados. Primero el del santo, San Foucault. Luego los tres volúmenes de su Historia de la sexualidad: un recordatorio de un pendiente que todavía no se puede resolver (devolver los últimos dos). Por ahí, Cuerpos sexuados de Anne Fausto-Sterling. Hay mucho trabajo pendiente.

Los calcetines en el suelo todavía no impiden el paso, aunque juro que hoy los lanzaré al bote de la ropa sucia. En el espejo ya no están las fotos que había antes, a excepción de una: un regalo de hace más de cinco años que me dice que no dé un paso atrás. Bastante me habría servido aprender la lección oculta en sus palabras tan sencillas, que no es, en definitiva, no arrepentirme. A la foto la acompañan algunas cartas pequeñitas con la letra más bonita del mundo: "te quiero mucho naricita", corazón. Al lado, un papel con un espiral dibujado que remite a una tómbola del pasado.

En el cajón está guardada la flauta trans. La cuido tanto como puedo, y estoy contento de poder producir ya un sonido estable. La meta de esta semana es tocar notas musicales, pero he estado tan ocupado que ni siquiera la he tocado. Me preocupa que el ritmo de lo cotidiano me arrebate a mí mismo en esta búsqueda personal. Ya he dicho que en este viaje me descubro (me conozco) y me construyo a la vez.

En soledad, trato de ocuparme en unas artes de la existencia, en el cuidado de sí, de mí. Es algo que continuaré siempre: para encontrar nuevas relaciones con las personas es necesario encontrar nuevas formas de relacionarse con sí. Por eso tengo a un santo, aunque no sea en el sentido religioso. Porque de él aprendo que la ascesis, que cierta disciplina, no implican siempre un control externo. Toca explorar lo que dice sobre los griegos en su hacer antiguo, aunque sus formas de ascesis sean tan distintas -aunque también sean tan iguales- a las que nosotrxs podríamos acceder.

Espero con paciencia. Creo que con el tiempo y el trabajo estaré de pie donde quiero estar. Y creo que tiempo y trabajo es lo que necesitan otras personas, pero la arena se agota. Aunque me preocupa, no me quita el sueño. Poco tiempo hay para dormir como para arrojarlo por la ventana.

Estoy acogido por quienes me rodean. He decidido expulsar a lo peor de mi cotidiano, y ha funcionado. Ahora las semanas se revuelven en la participación en un colectivo transfeminista-queer, la preparación de unas jornadas relacionadas, un grupo de masculinidades sanas y un montón de cosas más.

Me emociona acercarme a Calibán y la bruja. Las brujas me han acompañado en estos días de tacones y de disciplina personal, en estos días de marchar con ellas y correr por mí. Con Calibán y la bruja tengo la esperanza de continuar olfateando el hilo negro que teje una trenza del mal: capitalismo, colonialismo y patriarcado. La mística del libro me envuelve y sonrío.

Corro, como siempre, porque como siempre ya voy tarde.

Relatos pendientes II

4. La bruja cristiana

Salgo de la junta corriendo. No voy a alcanzar el autobús. Como voy corriendo, mis botas chocan con estrépito contra el suelo y en algo que parece un callejón, dos hombres que se besan se asustan por lo que provoca mi presencia que corre. Se separan y veo a uno con mucho miedo. Paso muy rápido al lado de ellos, queriendo decirles que continúen, que nadie los está buscando, que no peligran. Eso es mentira y no les digo nada. El mundo es muy peligroso.

Como había dicho, no alcanzo el autobús. En cuanto llego adonde debo tomarlo, está arrancando y me deja ahí. Es el último de la noche. ¿Qué voy a hacer?

"¡Guapo!" Por supuesto, no me hablan a mí. No volteo. Pero sí, sí me hablan a mí. Es la bruja cristiana, una relato-extraña, en un taxi. Terminamos en un bar en el centro. ¿Tequila? Bueno. Al fin y al cabo es martes y mañana voy a clases temprano.

Platicamos largo rato y nos encontramos con gente en el bar. Con gente de la casa en cuya azotea conversé con ella a profundidad por primera vez. Con gente que nos habla de las coincidencias, del destino, de la energía. Así se ha de llamar esa persona, esa mujer linda que nos saluda de pie mientras nosotras dos estamos sentados a la mesa. Se llama Destino, porque no recuerdo su otro nombre.

Quizá la bruja cristiana quiere invitarme al hotel donde se está quedando. Ha explicitado que le gusto. Nos damos un abrazo y me despido de ella. No sé que la volveré a ver una y otra vez en sus próximas visitas a la ciudad. Que me encontrará en la calle, me acompañará a ensayar la lectura de poesía en voz alta; que estando solo me la encontraré saliendo del cine sola, después de ver una película sobre la soledad y una chica problemática. Como ella. Como yo.

5. Jueves deshecho


6. Carlos se va


7. El mundo en cámara lenta


8. Tiempos de cambio


Relatos pendientes I

Hace tiempo que no te escribía, porque el tiempo es celoso, cerrado, excluyente. Eso ya lo sabemos, porque causa y ha causado estragos. Lo único que nos queda es aprender a domarlo en vez de que nos dome él.

1. Relatos-extrañxs

Suele suceder que al cabo de la noche me quede solo entre mucha gente y no pronuncie palabra. Pero la palabra me pronuncia y me invita a una charla con silencios, donde debo callar para aprender a escuchar. La palabra es el aire respirado por lxs relatos-extrañxs, por esos seres desconocidxs que aparecen para ser narradxs por sí mismxs, para decir lo que ven en el espejo con total sinceridad porque también yo soy relato-extrañx para ellxs.

Alba está despechada. Sin compromisos me dice que el problema es amoroso. Es 14 de febrero y la luna está en el cielo más grande que nunca. Su amigo y su amigo se dan un beso y ella les reclama. ¿Por qué? Porque siente envidia. Si el sujeto que pensabas que sería pura miel resultó ser un cabrón, ¿por qué no lo intentas ahora con chicas? Alba tiene miedo. Tiene miedo de lo que la gente pueda decir o hacer.

Estoy a punto de exhalar mi desinteresado discurso: que te valga. Pero no. Alba tiene la palabra. Alba tiene una hija. Ni siquiera es de aquí. Según entiendo, trabaja en una panadería en algún pueblo en el universo. La situación tiene más peso que el que puedo comprender. Sigo escuchando hasta que las palabras parecen acabarse. Las palabras.

Al día siguiente charlo sobre estxs relatos-extrañxs, sobre cómo me gusta tenerlos. A la vez, la gente tiene carta abierta para ser totalmente sincera o para inventarse toda una historia. Lxs relatos-extrañxs deciden.

Esta tarde llevo puesta una playera de un brujo fuera del clóset, anunciando que está out and proud. En el parque llega una chica y me pregunta qué significa esto. Le explico y me pregunta si soy gay. No, no soy gay. Bueno, a veces, supongo.

La luna, gigante. Horas después me encuentro con la misma chica en el techo de una casa. Platicamos largo rato: es una relato-extraña.

Viene a la ciudad también por amor. Viene también de paso. No hay panadería: es fotógrafa. No hay hija, tampoco. ¿O sí? La memoria engaña, (a) la memoria (se) engaña. Me entrega su caso buscando un veredicto que yo no le puedo dar, pero trato de darle cuantas pistas puedo. Me sorprende enterarme de que la mujer cuyas palabras me enredan en un tiempo que no quiero dejar era una bruja. Era una bruja y ahora es una cristiana. Le reza a su dios para que le quite su don. Pero luego se cuestiona: su dios se lo habrá dado por algo en primer lugar.

Por más que no quiera dejar ese tiempo que me tiene enredado con la bruja cristiana, no puedo no dejarlo. Tengo que dejarlo. Otra-ella me espera y ese tiempo se agota. En las gotas fluyo: me voy.

2. Mi boda

Después de casarme cinco veces, el ministro me propuso matrimonio. Sólo nosotros dos, solos nosotros dos. ¿Cómo decirle que no a esa sonrisa apenas esbozada, nada exagerada?

Detrás de nosotros la gente sostenía velas, acomodada cada persona de tal forma que aparecía la silueta de un corazón de fuegos, pequeños fuegos. El atardecer era atravesado por una estela blanca. La música instrumental llenaba la plaza al tiempo en que la ejecutaban decenas de personas a unos metros.

¿Beso? Volteé a ver a Rodolfo como interrogándolo. Muy nervioso, él pensaba que yo no podría besarlo: consecuencia de responderle a su amiga que no, que no soy gay. Al tenerlo tan cerca lo respiraba. En cada abrazo me di cuenta de cuánto me gusta su aroma.

Sin cajas encima, en cuanto terminó el evento lo miré a los ojos. Y no, no me resistí. Y lo tomé, y le di un beso, y otro, y otro, y otro. Porque la mejor forma de protestar a esas alturas era con esos besos. Porque queríamos besarnos.

Todavía me acuerdo del sabor a cigarro de horas antes en sus labios.

3. ¿Y qué pasó con Anna?

Como si fuera brujería, tu alegría me llenó completamente
(...)
De repente, caminaste los caminos de mi mente
Le quitaste las arrugas a mi frente
Y sembraste tu sonrisa en mi dolor
Anna, se llama. No sabría, después de todo, cómo (d)escribir lo que sucedió con ella.

I

Fui a su fiesta de despedida, llena de alemanes porque lxs mexicanxs habían quedado muy crudxs de la noche anterior. Había una tómbola. Cuando llegué tomé un papel de un bote y lo desdoblé: espiral. A un lado de los papeles estaban las cosas que Anna ya no necesitaría de regreso a casa. Cada cosa tenía pegada un papel con el mismo ícono qe alguno de los otros papeles. Espiral, espiral, espiral... ¡Ya! Un informe de Derechos Humanos en Oaxaca elaborado por una ONG feminista.

Creo que me llevé lo mejor que me pude llevar. A quien le tocó el gas pimienta, que Anna jamás tuvo necesidad de usar, le podremos reprochar toda la vida haberlo dejado por ahí y haberle perdido la pista. Alguna otra persona tuvo la gracia de activarlo y todxs tuvimos que salir del edificio. Incluso algunas personas enfermas se retiraron de la fiesta, y el conteo de mexicanxs que ya era más alegre decreció de nuevo.

Aun cuando llegó el chico que me dijo que salía con ella, aun rodeados de personajes extraños como aquel cocainómano que apareció por ahí, Anna estuvo conmigo más que con cualquier otra persona. Yo sonreía y sonreía mientras bebíamos de la bebida extraña que ella había preparado y que nadie más parecía estar consumiendo. Y ella sonreía y sonreía también.

Al conversar más con ella me di cuenta de que cada detalle me gustaba más y más. Hermosa, defendía lo que creía aunque contradijera las ideas borrachas de sus amigos descorazonados por la partida de sus propios amores lejanos. Con un cierto aire a Margaret, se movían sus gestos. Me volvía a presumir que era mayor que yo, y nos abrazábamos parad@s en medio del lugar, como si no hubiera nada más.

Después de un rato llegó su jefe, acordeonista de una banda, con otro músico del grupo. El mundo-ciudad-pañuelo me llevó a la invitación final: la cena de despedida de Anna el miércoles próximo. El jefe cocinaría un platillo vegetariano por ella. Por supuesto que asistiría.

En algún momento de la vida, el él que dijo que salía con ella habló conmigo en su ebriedad. Me dijo que esperaba volver a verme y que hubiera encontrado yo lo que buscaba, y que lo tuviera. En el momento, se dijo, tanto él como yo habíamos encontrado lo que buscábamos pero no lo teníamos. Me insistió en que éramos muy parecidos, y trató incluso de arrojarme sus propias problemáticas encima. Le devolví los buenos deseos. Yo también espero verlo y que haya encontrado lo que busca... y lo tenga.

Anna me agradeció mucho haber ido a la fiesta, y me dijo que fui la sonrisa de la noche. Para mí ella fue la sonrisa de la noche. Y de la semana que tuvimos para conocernos. Se quedó con el él que dijo que salía con ella y ya me había ido para cuando cerraron la puerta. Caminé pensando en ella, en él, en lxs relatos-extrañxs, en la bruja cristiana. La calle me hablaba todo el tiempo con sus casualidades, y sobre todo cuando yo le respondía. Sonreí y llegué a dormir después de las 4:00 de la mañana.

II

El platillo vegetariano es el platillo más delicioso que he probado en años. El hombre aprendió a cocinar así por su abuela y por las francesas que vivieron con él. Con él conversé, y con ella. Fui el primer invitado en llegar después de ella.

Charlando sobre regalos, ella descartó uno a uno cada opción que yo había imaginado y descartado primero. El mejor regalo que podía darle era un buen recuerdo, con todo el cariño que le tengo. Eso fue lo que le di.

El tiempo que tuvimos fue muy corto. Las miradas en silencio todavía me llenan de emociones, y me llenarán. No me importa lo que diga el mundo, estoy enamorado. Y no sé bien a qué me refiero con que estoy enamorado, pero lo estoy. No me importa su convencionalidad: lo estoy, y en un sentido no-tradicional.

Después de que los músicos interpretaran canciones a voz y guitarra, como De repente y algunos fados, ocurrió la despedida. Abrazos duraderos. A un lado se escuchaban el jefe y el otro cantando "fue un gusto haberte conocido", y Anna respondió que sí, que justo eso. Cambiaron de canción: "porque eres un amor que no fue, un amor que no podrá ser", y Anna contestó que sí. No sé si se quedó en el contexto de la primera canción, pero eso no importa. Lo que importa es el cariño compartido en la sonrisa, la mirada y el abrazo.

La última vez que la vi fue en una bicicleta, regresando por última vez a su casa aquí.

sábado, 15 de febrero de 2014

Otra-ella

Entonces Barrios me dijo que el problema era que yo estuviera despechado, deprimido y cerrado a la posibilidad de que apareciera un alguien. Que soy pobre porque quiero, en resumen. Le contesté que ninguna de las tres condiciones era cierta.

Recordé mi trip-de-chicos: sólo pensar como posible que si un alguien apareciera fuera un chico y no una chica o unx chicx. ¿Qué se siente que te guste una chica desconocida? Me acordé de aquella, bellísima, que conocí apenas este año cuando fui a un corte de cabello. Ella fue primero que yo. Conversamos un rato y no me animé a invitarla a salir por la diferencia de edades. ¡Qué tonto! Después de una torpe despedida de beso -torpe por ambas partes-, cuando se fue, el gran maestre y mago-que-me-quita-kilos-de-cabello me dijo que era evidente que ella tenía mucho interés en mí.

Recordando estaba, cuando otra ella llegó con su sombrero, lindo, linda. La Señora, sentado al lado de mí, me dijo que otra-ella parecía chico. Y era cierto. Sus formas estilizadas eran andróginas y su risa revoloteaba al otro extremo de la mesa después de que se sentó. Al escribir entiendo la utilidad de la metáfora de estar flechado, pero no creo que debamos entender al amor como una guerra ni creo que lo que me hizo sentir haya sido amor.

A pesar de mi tremenda torpeza y mi negativa a iniciar una conversación con el objetivo de algo como "ligar", tuvimos una conversa; supongo que por iniciativa suya. A un lado de ella estaba un él, muy agradable; al otro lado, había una ella de un nombre que no terminaba yo de masticar. Un rato después mis dedos lo recordarían: ¡era la autora de la primera obra de teatro que reseñé para una revista hace cinco años! Definitivamente, estaba yo en el lugar correcto.

Sombrero puesto, otra-ella en dirección hacia mí, no dejaba de hacerme preguntas. La miraba yo con ojos de querer saberla; me miraba ella con ojos de quierosaberte. Sonrisas. ¿Ustedes dos están saliendo? Él me dice que sí; me habla de que se conocieron alguna vez y luego se encontraron de nuevo sin planearlo. Brindamos por lo espontáneo, brindamos por ell@s. De nuevo las preguntas. No, yo no tengo pareja; extraño mucho.

Él se levanta y van junt@s afuera. Luego vuelven e invitan a bailar a quienes seguimos en la mesa. Un rato después parezco arruinarlo todo con mis pasos descuidados, que son pasos de caminante en botas y no pasos de bailarín en la pista. Cerca están jesuitas, estudiantes de filosofía, amigas. A una le piso uno o dos dedos. La cargo y con ella en el aire bailo, bailamos.

Paso un tiempo bello improvisando con otra-ella. Anna, se llama. Después de seis meses, vuelve a Alemania este jueves. Hoy que escribo es su despedida. Después de un abrazo para decirnos hasta luego, me invita al evento en su casa. Luego, otro abrazo. Quiero saberla. ¿Quiere saberme? Saber es conocer con cierta carga de misticismo, pero saber-me, saber-te, saber-le, es mucho más que eso. Estábamos en el lugar correcto. Hoy iré a verla, quizá por última vez.

Personajes en el autobús

Cuando uno toma tantas veces las mismas rutas de autobús empiezan a suceder particularidades fantásticas. Charlo con las personas que conozco y que se cruzan conmigo; miro con atención a los personajes que aparecen en la escena, a veces sin notar mi presencia.

I
Aquella señora tan linda que siempre va con su bolsa, como después de hacer una compra. Usa unos lentes que en ella me recuerdan a mamá Tere. La última vez que la vi iba con su hija, pocos años menor que yo.

II
La mujer trans, hace años, que tenía un perrito. Siempre me provocó emociones fuertes. Una vez se sentó al lado de mí y platicamos largo rato. ¡Cuánta amabilidad cabe en una persona! Y qué bonita, qué fuerte sonrisa.

III
Aquel chico con un aire de Andrés pero de mi altura. He descubierto que está relacionado con la ingeniería y que con cierta regularidad visita mi universidad. Usa pulseras estilo livestrong que forman un arcoíris, pero se identifica como hétero.

IV
La señora de la tienda cerca del cerro. Con esa mirada dócil, tierna, de madre y quizá de abuela. Los arquetipos comienzan a tener sentido. Es la esposa del señor Morsa, tan malhumorado. Y ella es puro amor.

V
Aquel chico -siempre distinto del anterior- que mira con cierta complicidad que leo sobre homosexualidad, hagiografía gay; que llevo un arcoíris en un libro; que llevo en el brazo un triángulo rosa invertido. (Nótese que en este párrafo hablo, realmente, de una parte de mí. De cualquier forma, no creo que los chicos siempredistintosdelanterior sean solamente un pretexto.)

VI
La coincidencia pura: una figura que ocurre más que la muerte misma. Dicen que no existe, pero ella me susurra al oído, casi todo el tiempo, que estoy en el lugar correcto.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Nomeolvides


Era un nomeolvides convertido en flor.
Coyoacán. Sentado en una banca, fui interrumpido por una mujer que vendía gelatinas artesanales. Llevaban por dentro figuras de flores. En esa mujer bonita vi a mi madre, quien alguna vez fue mi madre, sin trabajo, haciendo una y otra vez la misma artesanía para salir del paso: del paso del hambre. ¿Veinte pesos? Deme una, por favor. Ésta se llama nomeolvides y tiene sabor a mango. ¡Sí! La quiero. ¡Muchas gracias! Que tenga un bonito día.

La respiro, la escucho, la contemplo, la acaricio, la saboreo, la recuerdo. Nolaolvido: es una flor convertida en un noteolvido.

lunes, 10 de febrero de 2014

Más en la(s) ciudad(es)

El mercado Testaccio es fondo para el viaje.

I

Personajes:
  • El conductor
  • La señora lambiscona
  • El anciano
  • El trabajador
  • La señora amable
  • El indiferente
  • Usted
USTED está sentadx al fondo del autobús. A su lado, el INDIFERENTE. De repente, el CONDUCTOR detiene la máquina y deja subir al ANCIANO, quien trata de pagar el pasaje con seis pesos. "Ya son siete, señor." Qué se le puede hacer.

El ANCIANO reniega pero otorga y va a sentarse quejándose del precio del transporte. La SEÑORA LAMBISCONA, que ha estado charlando todo el día con el CONDUCTOR y adulando su ruta, le echa en cara al ANCIANO que en la ciudad tenemos el transporte público más barato de todo el país. El TRABAJADOR deja escuchar que "también el peor".

Comienza la discusión y cada quien aporta su queja. Se escucha un alboroto tal que el INDIFERENTE quizá lo nota a través de los audífonos que tratan de sellar la realidad en sus oídos, con un pegamento mágico y musical de escape. Hasta la SEÑORA AMABLE responde.

El ANCIANO sigue protestando, y el TRABAJADOR expresa su molestia: "ah, eso sí, nos quejamos por seis pesos, pero nada más". Dice que la canasta básica sube y sube todo el tiempo pero nadie dice nada. Aquí todxs dicen todo. USTED está maravilladx tratando de recordar cada detalle -el pegamento mágico le serviría- para escribir un texto al respecto (no sabe que lo escribirá meses después, ni que es éste).

Apenas a unas cuadras de haber subido, el ANCIANO, molesto, decide bajar. El CONDUCTOR se lo permite mientras el resto del mundo sigue gritando. USTED ya le ha contestado a la SEÑORA LAMBISCONA: ¡en el Distrito Federal el precio del metro es mucho más barato! El transporte público aquí es caro y una mierda. (Si a alguien le queda muy claro esto es al CONDUCTOR, que no tiene el privilegio de poder detenerse a mear o cagar.)

Poco después, el barullo decrece y la SEÑORA AMABLE baja. USTED y ella se despiden con calidez a pesar de sus desacuerdos. Finalmente, cuando el mundo se ha callado, es su turno de descender. Al hacerlo, dice adiós a toda la gente. Sólo le responde, y con muy buenos deseos, el TRABAJADOR. (Quizá el CONDUCTOR hace un gesto.)

Ahora que está en la calle en el momento ulterior, USTED lo sabe: en la ciudad hay una bomba. Y poco falta para que reviente.

II

Ya sea bajando del tren ligero, subiendo a tomarlo, caminando por las calles de lxs pobres hechas para los automóviles de lxs ricxs, uno se encuentra esas parejas tomadas de la mano. Toman el camión así, o así lo miran a uno y se miran con complicidad: aquí están, por todos lados. Y uno no puede más que sonreírse, sonreírse por ellos y por su valor.

Al fin y al cabo, la ciudad tiene una bomba homofóbica.

III

"¿Es una mujer o un hombre? ¿Es una mujer o un hombre?", pregunta un ser andrógino que parece querer expresar que su género es el femenino. Se abre paso entre lxs pasajerxs que van de pie hasta llegar al objeto de su pregunta. Le veo: a todas luces, cualquiera podría pensar que es una mujer. La sonrisa maliciosa del ser andrógino se abre más: "ay, perdóname, pensé que eras una mujer". Sus pantalones, su cintura y el resto de detalles estilizados no engañarán al ser andrógino, a la policía de género que se revuelca en sí misma y que se niega a verse. Las risas estallan alrededor. Se burlan de nuestra mujer que (no) es una mujer. Se ríen y se ríen. Yo digo "¿y qué tiene de malo?", pero nadie me escucha.

La policía de género baja del autobús por adelante, mientras nuestra mujer (o no, nunca lo sabremos y no importa) camina hacia la parte trasera. No: no hay una bomba. Hay muchas. Y están reventando.

IV

Érase una vez el chico de las mil coincidencias. En otra ciudad, con sus otras bombas, pregunté de viaje a mis acompañantes, provenientes del mismo lugar que yo, si conocían a Camila. Sí, a esa Camila. "No, no la conocemos." "Pero yo sí: es la novia de mi roomie."

Quien responde que sí es el chico de las mil coincidencias, quien escribe y vive en el Distrito Federal. Al final no podría relatar una a una todas esas coincidencias porque ni siquiera las conozco. Me queda claro que lo quiero y que me quiere, y que su bicicleta es de exactamente el mismo modelo que la mía. Lástima que no hayan coincidido en precio y que él haya pagado el doble.

V

Espero en la cenaduría: Cenaduría, mon amour. De repente llegan y se sientan un él y una ella desconocid@s. Él, un español irónicamente rubio, es el hombre más guapo del mundo.

VI

Entonces me senté con ella afuera del mercado, para desayunar en donde venden waffles. Pedí una crepa y luego un desconocido llegó: otro el-hombre-más-guapo-del-mundo.

Se sentó con una chica en un eje de simetría con mi mesa. Ellas se daban la espalda entre sí y nosotros podíamos mirarnos. A veces lo hacíamos accidentalmente; una vez y una vez cada una volteó para ver al otro. Qué lástima que él no tuvo el valor de pedirme mi número telefónico cuando me levanté y me fui. Y qué lástima que no tuve el buen gusto de dejárselo en una servilleta sucia.

Al fin y al cabo, este el-hombre-más-guapo-del-mundo y yo nunca nos haríamos caso.

VII

Esta ciudad tan llena de hilos y engranes no deja de abrazarme con sus historias que convierto en anécdotas en un juego de alquimia. Pero yo no consigo recordar -como igual no conseguiré olvidar- todas. Este párrafo tiene título: Mi memoria y mi tiempo o De la (im)posibilidad de (narrar) las anécdotas.

VIII

Entonces un (sujeto disfrazado de) cartero la encontró y le entregó un sobre en la calle -una bomba de otro tipo-. Así, de la nada.

Le decía: "si no puedes cambiar al mundo, no dejes que el mundo te cambie a ti."